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Hace poco hablaba de cómo los heurísticos pueden afectar y condicionar nuestra toma de decisiones, y en algunos casos nos llevan a cometer errores, sesgos.
Hoy voy a describir otro componente con el que nos topamos cada vez con más frecuencia.

INDECISIÓN 
Cuando le damos vueltas y vueltas a algo y no damos el paso. Por mucho que quieras afrontarlo, te bloqueas.
Puede ser por miedo a meter la pata, a equivocarte, a las consecuencias, especialmente si crees que puedan ser negativas, a que anticipes que no haya vuelta atrás…

A esta indecisión se le llama en ciertos ámbitos “parálisis por análisis”.
Hay dos situaciones que favorecen que se produzca este fenómeno.

(1) el exceso de opciones entre las que elegir

Cuando había un sólo canal de TV la decisión era fácil: o lo veías o no.
Ahora, entre cientos de canales y varias plataformas de pago, cada una con una oferta “kilométrica”. Es frecuente escuchar eso de “no sé por dónde empezar”.

Más allá de la anécdota, se puede generalizar a muchos ámbitos.
Siempre queremos escoger “lo mejor”, y esto nos lleva lleva a analizar, y analizar y sopesar… sin que podamos tomar decisión alguna; siempre podemos darle una vuelta más.

(2) el exceso de planificación

Querer tenerlo todo anticipado, todas las opciones, todos los posibles imprevistos controlados.
Milimétrico.
Lógico, necesitamos minimizar la incertidumbre.
Pero las situaciones a controlar van a ir creciendo exponencialmente, a modo de tablero de partida de ajedrez.

Pues llegados a este punto hay dos opciones, sólo dos.
O sigues parado, analizando, o te mueves.

Sinécdoque

El troll, ese que a todos nos tocó sufrir en un momento u otro, en un foro u otro, rebate (rebate aparente, puesto que utiliza un discurso paralelo) adoptando, a sabiendas, la literalidad de la sinécdoque, que alguien haya tenido a bien utilizar para ilustrar una explicación.

Aisla esa literalidad, generalmente un término, lo despersonaliza, lo adorna, lo rodea de nueva parafernalia y crea una nueva narrativa.
Utiliza palabras parecidas a las de partida, pero distan años luz en cuanto a significado.

Con una técnica de tirabuzón, adereza, cual croqueta, su alimento: la discusión vacua, la palabrería sin ton ni son, la confusión del otro, la perplejidad de todos.

Destroza así toda lógica argumental. Convierte su discurso en irrebatible: no se puede discutir lo que no tiene ni pies ni cabeza.
Consigue centrar el debate en otra cosa nueva acaba de crear, SU COSA, que carece del significado inicial, que carece de todo significado en realidad.

Pero acaba recibiendo réplica, lo que le refuerza la continuidad del sinsentido.
Recuerda: el troll bien entrenado, siempre gana.

La única defensa es ignorarlo.

Don’t feed the Troll

Motiva2 (parte II)

Que aquel tipo era un gran motivador es una opinión generalizada.
Que lo que provoca es un efecto pasajero, efímero, fugaz, es un hecho.

¿Por qué?

Usualmente asociamos estar motivados a tener ánimo, entusiasmo, a “venirnos arriba”.

Pero lo que provocan una charla de motivación al uso, no es motivación.
Una arenga, aunque sea amable, graciosa, no es motivación.

En todo caso levanta el ánimo produce euforia, potenciada además por el efecto de darse en grupo.

Una definición manida, pero no por ello menos certera es que la motivación es tener RAZONES (motivos) para hacer algo.
Nuestros motivos pueden ser más o menos materiales (hacer mi trabajo para cobrar a fin de mes, mejorar mi aspecto físico), más o menos espirituales (salvar el planeta), pero por mucho que desde fuera nos los repitan, hasta que no los hacemos propios, su efecto como motivador será efímero, por que el sistema 2 no puede estar continuamente doblegando al sistema 1 

¿Qué, cuándo empezamos al gimnasio de nuevo?

Motiva2 (parte I)

En el salón “Navascués” del hotel, seríamos casi 50 personas.
Sobre el escenario, el individuo se movía con aplomo, rebosaba seguridad.
Dinamismo, pausas dramáticas, bromas certeras, ritmo, ritmo…

El público se dejaba embelesar, de hecho lo deseaba. El ambiente invitaba a “venirse arriba”, cosa que sabía explotar magistralmente aquel sujeto.
Fue todo un lujo. Se hizo corta la conferencia. 

Lo comentamos una y otra entre el equipo mientras nos tomábamos unas cervezas. Salimos realmente motivados, todos.
Nos íbamos a “comer el mundo”.

Unas horas más tarde, ya en casa, le relataba este acontecimiento a mí pareja.
Intenté resumirle la sesión, pero no encontré las palabras; no era fácil explicarlo.
En realidad no recordaba nada en concreto, más bien era esa sensación de euforia, de poder, de fuerza… aún la sentía, aunque tengo que reconocer que se había desvanecido una buena parte… 
…pero claro, en casa y con las cosas del día a día, no es lo mismo.

Por cierto, que no se me olvide pasar mañana por la tintorería

Aladino

Amabilidad, frustración, ira, paciencia…
Hay una serie formas de responder ante ciertas situaciones, que se supone que reflejan rasgos de personalidad subyacentes.
En psicología se intentaban descubrir mediante «tests proyectivos».
De forma más o menos encubierta, se propone al sujeto, que, por ejemplo, se imagine en una situación o la recree.
De forma encubierta, sobre todo porque a nadie le gusta quedar mal y seguramente intentaríamos falsear el resultado para dar buena imagen.

El terapeuta observa las reacciones, a qué se da mas relevancia en las respuestas, con qué estrategias se afrontan conflictos o qué soluciones se proponen en situaciones determinadas… de hecho se espera que afloren (el sujeto “proyecta”) sus rasgos de personalidad, los conflictos conscientes, los conflictos inconscientes…

Imagen del test de frustración de Rosenzweig

Todo esto es hoy día bastante criticado.
Aún así, hoy te propongo hacer algo parecido, en el que sólo responderás ante ti mismo/a.
¿Recuerdas el cuento de Aladino? Si. El de la “lámpara maravillosa” (ojo que el original forma parte de “Las Mil y Una Noches”)

Dedícate unos minutos y piensa; si te concediesen 3 deseos, sólo 3 ¿qué pedirías?
¿Una montaña de dinero, una vuelta al mundo, salud infinita, amor a espuertas, juerga sin fin..?
¿Pedirías para ti, pedirías para los tuyos, pedirías para toda la humanidad?

Sé honesto/a ¿qué pedirías?. Nadie te ve, nadie te escucha.
Es posible que recurras a cosas absurdas, total esto en un juego.
Es posible que pienses con los pies en la tierra y sean cosas más asequibles, con más o menos esfuerzo.
Es posible también que nunca te lo hayas planteado.

Pues lo siento. Aladino no existe. Esos deseos, sean los que sean, sólo se podrán lograr si nos ponemos a ello. Si nos detenemos y valoramos qué nos importa y que estamos haciendo para conseguirlo, sea lo que sea.
Quizá hagas algo al respecto o quizá no.
Sin embargo, analiza de nuevo lo que hayas pedido, seguramente dice más de ti de lo que crees, y siempre es interesante tomar buena nota, no vaya a ser que un día aparezca Aladino.

Cara o cruz

Si en la peluquería de un pueblo hay dos peluqueros y uno lleva  el pelo muy mal cortado y el otro muy bien cortado, ¿a cuál le pedirías que te atendiese?

La respuesta inmediata es elegir al que tiene el pelo bien cortado.
Pero si te paras a reflexionar, concluirás que lo más probable es que cada peluquero le haya cortado el pelo al otro, por lo que si sólo hay dos peluqueros, el que lleva buen corte será por el buen hacer del otro.

Cada día tomamos miles de decisiones. Miles.
Unas pequeñas, minúsculas de efecto inmediato. Otras de enorme trascendencia, aunque quizá sus consecuencias estén aún lejanas.
¿Qué ropa me pongo hoy?, ¿invierto en esto?, ¿contesto de forma airada?, ¿leo este libro?,  ¿salgo de paseo?, ¿A quién voto en estas elecciones?
Todas esas decisiones marcan nuestro futuro en mayor o menor grado, y sus consecuencias influyen en otras decisiones, que a su vez influyen en otras decisiones… un “efecto mariposa”

Fíjate en la foto que hay a continuación.
¿A cuál le confiarías tus pertenencias en el aeropuerto mientras te diriges un momento al mostrador?

Fuente: Boredpanda

La decisión la estamos tomando utilizando un heurístico de representatividad.
Un heurístico es una regla que aplicamos intuitivamente y que nos permitirá tomar una decisión casi instantánea, pero no es fruto de ningún análisis.
En este caso, al individuo de la foto lo asociamos a un estereotipo que percibimos como amenazante, nos produce desconfianza y lo evitamos. 

En decisiones intelectuales, no sólo las de supervivencia, también echamos mano de heurísticos que nos eviten pensar mucho (con el volumen de decisiones que tomamos diariamente, no es mala solución).

La publicidad, la política, el marketing… saben que manipulando ciertas variables muy elementales, consiguen aumentar enormemente que nuestras decisiones (de compra, de voto, de disciplina, de toma de postura…) se encaminen en una dirección planeada.

Algo que nos muestran con frecuencia nos acabará resultando familiar y lo aceptaremos con mayor facilidad.
Utilizar ciertos estímulos (incluso aunque pasen aparentemente desapercibidos), provoca respuestas predecibles antes otros estímulos que aparentemente poco tiene que ver. Esto se denomina priming.

En este experimento, los «usuarios/as» contribuyen económicamente de forma más generosa cuando un póster de unos ojos mirando fijamente preside la sala, que cuando lo hace una foto de unas flores:

La primera semana del experimento (que puede verse en la parte inferior de la
figura), unos ojos muy abiertos miran fijamente a quien se sirve el té o el café, cuya contribución media era de 70 peniques por litro de leche. 
La segunda semana, el póster muestra flores, y las contribuciones medias son de alrededor de 15 peniques. La tendencia continuaba. Los usuarios de la cocina contribuyeron de media con casi tres veces más dinero en las «semanas de ojos» que en las «semanas de flores». 
Era evidente que un recordatorio puramente simbólico con el que uno se sentía observado empujaba a la gente a comportarse de distinta manera. Como se esperaba, este efecto se producía sin la menor conciencia.
¿Creerá ahora el lector que él mismo también habría tenido el mismo comportamiento?

Daniel Kahneman (Pensar Rápido Pensar Despacio) “La máquina asociativa”

Nos basamos en la fragilidad de nuestros recuerdos, en lo fácil que los podamos recuperar de la memoria, en estadísticas y correlaciones fruto de nuestra imaginación, en prejuicios…

Quizá nunca te hayas parado a pensar porqué eliges una cosa y no otra. 
Quizá te importe un comino
o quizá no.
Es tu decisión.

Mil pelas

No todo se mide, pero otras cosas, muchas cosas, la mayoría, si las medimos.

Distancia, volumen/capacidad, peso, temperatura…
En casi todo utilizamos el sistema métrico decimal.

Sin embargo, en muchos casos sin ser conscientes, utilizamos, porque así lo aprendimos, sistemas diferentes de medida para una serie de cosas.
Sistemas de medida que hemos interiorizado, a los que nos hemos habituado y que dentro de los márgenes de uso frecuente, entendemos su significado, podemos comparar, sabemos si es mucho o poco, grande o no.

El reloj, el sistema horario del día a día, lo leemos en formato sexagesimal. Cada 60 segundos se cumple un minuto y cada sesenta minutos se cumple una hora (luego pasamos a doce horas de día, doce de noche, 12 meses…)
Si, si el reloj es digital también lo leemos en sexagesimal.

Las pantallas las medimos en pulgadas (sistema Imperio Británico) y sabemos mas o menos cuánto son 14 pulgadas, 24, 32 o 56, según sea la tele de la cocina, la del salón o el monitor de trabajo.

Los datos, ahora, los medimos en Gb (sistema binario) y asumimos eso de 256, 1024; tenemos claro si la tarifa que tenemos de 20Gb es suficiente para subir tantos vídeos a Tik Tok o mejor nos cambiamos de compañía, que seguro que otra da más.

Los huevos, ay los huevos, los seguimos midiendo en docenas. No compras 3, ni 5 huevos (ni se te ocurra pedir eso en una tienda): compras DO-CE-NAS (aunque luego los repartas como gustes)

Y los pisos que en muchísimos caso, se valoran aún en pesetas (sistema métrico ibérico): que me costó 30 millones y lo vendí en 35, oye… y a los 6 meses, ja.

¿Quién puso más?

Quizá la frase original debería haber sido “Todo lo que se puede medir, se puede mejorar”, pero en realidad fue algo más parecido a  “Lo que no se puede medir, no se puede mejorar” y eso es lo que ha calado.

De la física (William Thomson Kelvin) al liderazgo (Peter F. Druker) dicen casi idéntica frase.

En la mejora, la mejora personal, hay sin duda variables cuantitativas que son medibles.
Hay también variables cualitativas, que también en ocasiones son medibles.

Pero hay un tipo de variable que se escapa al control métrico y son las variables subjetivas.
Las variables subjetivas se pueden valorar, pero no son medibles y no admiten comparación más que con el propio sujeto, y a veces, ni eso.
Están sujetas a las expectativas que hayamos depositado, al estado de ánimo, al contexto…

Se cuantifican en valores tan personales con “es bastante”, “es suficiente” o “es demasiado” dónde no sólo cada persona puede considerar su significado de forma muy diferente a otra, sino que posiblemente para nosotros mismos tenga un valor distinto según de qué hablemos y según el día que lo digamos.

Estudié lo suficiente, 
He hecho bastante ejercicio por hoy 
Pongo mucho más en esta relación que mi pareja

Términos relativos, sin significado real, no comparables, vagos…

Sin embargo, esas valoraciones, serán las que nos lleven a tomar las decisiones que no permitan mejorar o no.

Lo subjetivo no es medible y sin embargo es lo que más condiciona nuestra decisiones y por ello, nuestro futuro.
Porque esas valoraciones son nuestras valoraciones.

¿Lo que no se puede medir no se puede mejorar? 

¡Por algo será!

Recuerdo un capítulo de una genial serie cómica que se emitió entre 2005 y 2010 aproximadamente en el que bajo el título «por algo será» (min 15:45) parodiaba como podemos llegar a aceptar normas sin más, incluso absurdas.
Y no sólo las respetamos, sino que las transmitimos y las hacemos respetar.
Todo ello a pesar de desconocer de dónde vienen ni qué función cumplen; transmitimos comportamientos, creencias, normas, que creemos inmutables o que obedecemos ciegamente.

Al respecto, circula una anécdota (disfrazada de experimento, pero NO existe tal experimento), que ilustra cómo se crean estas pseudo-normas.

Todo empieza con cinco monos encerrados en una jaula.
La jaula tiene dos alturas. Los monos están en el piso inferior y en la plataforma superior, a la que se accede por una escalera de mano, hay unos llamativos plátanos.

Lógicamente los monos tardan poco en dirigirse a la escalera para subir, pero en cuanto el primero de ellos pone un pie en la escalera, se le lanza un potente chorro de agua helada. No sólo al mono que intenta subir, sino a todos los monos, a los cinco.
Imagina el alboroto.
El instinto (el hambre) incita a los monos a intentar una y otra vez accede a la escalera, pero no se necesitan muchas repeticiones para que todos aprendan.
Al poco tiempo, ninguno se acerca siquiera a la escalera.

Lo interesante empieza ahora, sigue leyendo.

En el inexistente experimento, sustituyen a uno de los monos, por un novato, desconocedor de las normas.
¿Adivinas lo que va a pasar en cuanto se acerque a la escalera?
Pues si, el resto de compañeros le hacen desistir «amablemente».
Este novato, lógicamente acepta los “consejos» de los que han vivido previamente la desagradable experiencia de encaramarse a la escalera.

Lógico.

Luego se siguió sustituyendo a los monos originales por noveles, hasta que todos, los cinco eran nuevos, ninguno había sufrido el chorro helado, pero todos asumían que a la escalera no se podía subir, aunque no supiesen porqué y además participaban activamente en hacer desistir a cada recién llegado.

No sólo obedecían unas normas sin tener motivo para ello (a esas alturas no había chorro de agua que les impidiese subir) sino que transmitían esa norma, la perpetuaban también sin motivo.

¿Sabes por qué?

¡Por algo será!

Nota: después de dejar esta entrada programada, Sergio publicó algo que de algún modo trata de lo mismo, pero desde otro punto de vista.
Te recomiendo encarecidamente su lectura AQUÍ

MORNING SINGERS

(From lost to the river)

Eran tiempos del UHF, que aquí tardó mucho en llegar porque la cordillera cantábrica aísla: aísla los cuerpos, aísla los corpúsculos y aísla las ondas. 

Recuerdo los primeros debates en TV, en un programa que dejó huella para los que lo vivimos, porque  trataba temas muy controvertidos, delicados para aquella época y que además se abordaban en profundidad.

Así un día podrían hablar de Lucifer y entre los tertulianos contar con la presencia de un exorcista, como otros trataban asuntos como la droga, la brujería, la homosexualidad, los hijos del exilio, la planificación familiar o el Opus Dei. Este último levantó bastantes ampollas entre el respetable.
(Fuente : El Español

Para empezar una selección excelente de películas, que se veían “sin descansos” (sin cortes publicitarios)

Para seguir con el debate con excelentes invitados; gente formada, conocedora del tema a tratar, especialistas.

El coloquio de esta noche (19 de enero de 1979) versará sobre el «alcoholismo». España es el cuarto país de Europa en cuanto a consumo de alcohol, con una media de catorce litros anuales por persona. Intervienen en el coloquio: Rafael Luis Osete Mula (de la Asociación de ex Alcohólicos Españoles), Francisco Alonso Fernández (catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica de la Universidad Complutense de Madrid), Rosalía Clemente (asistenta social del Dispensario Antialcohólico), Archer Tongue (director ejecutivo del Consejo Internacional de Alcoholismo y Toxicomanía), Erik Epensen (del Ministerio de Asuntos Sociales de Noruega). No interviene ningún representante del Ministerio español de Sanidad, al parecer por causas ajenas al programa. Previamente se emitirá el largometraje Días sin huella (1948), de Billy Wilder, protagonizado por Ray Milland y galardonado con cuatro oscars: a la mejor película, director, guión y actor.
(Fuente : El País)

En un país que estaba despertando, en una época en la que acceder a información era complicado, requería interés y esfuerzo, era costoso y además un arte… poder escuchar a eminencias en cada materia, a quienes diseñaban las estrategias, a quienes operaban a pie de calle, fue un lujo.

Los debates, generalmente pausados y educados, en los que rara vez se interrumpía, se alargaban hasta la madrugada. Todo en directo. Con traducción simultánea cuando era necesario (y lo era con mucha frecuencia).
Argumentar era la norma, era lo que se esperaba.
Poco eslogan, poco marketing, mucha reflexión, mucha argumentación.

Ahora el “saber” es universal. Se ha democratizado de la mano de los medios digitales y las herramientas que ofrece.
Poco a poco.
Primero fueron los tertulianos/as que los lunes son analistas políticos, los martes son investigadoras científicas, los miércoles analistas estadísticos.

Luego los ayudadores / opinion bien, propaganda mal- entra el mk- llega la desinformación- fake news. 

Hoy cualquiera puede saber, sabe, o cree que sabe, cualquiera opina, cualquiera juzga y lo hace público (asumo mi culpa por estar ahora mismo formando parte de lo que critico lo que sin duda provoca un paradoja extrema).

Los lunes son analistas políticos, los martes son investigadoras científicas, los miércoles analistas estadísticos.

Sientan cátedra.

Los jueves te dicen cómo debes mejorar, de qué te debes quejar, cómo ser feliz, como conseguir lo que ellos no han conseguido, te van a revelar su secreto por una mínima cuota.

Aconsejan y guían.

Unos por ignorancia, otros por soberbia.

Sabiondos, cuñados, opinadores, entrenadores positivos, gurús de todo y para todo, circo, sin argumento, sin contraste, sin profundidad.
Autocomplaciente. 

Soluciones universales ya que si no lo consigues es porque no te esfuerzas lo suficiente (vaya por dios), trasladando al individuo “las culpas” y generando por tanto doble frustración, alienación, depresión… (ellos están lejos, en su pedestal)

Hay mil formas de hacer lo mismo, pero la mía es la mejor. 

Busca la aniquilación para preservar su estatus, que es al fin y al cabo su fuente de ingresos: Buscan tu pasta.

¡Qué mediocre!

La vacuna, el remedio, es complicada, porque precisa de pensamiento crítico  y eso no nace por generación espontánea: nace de la educación, la reglada y la de casa, la de la familia, la del grupo; y además hay que cultivarla, con constancia, de continuo.

El pensamiento crítico es el proceso de dudar de las afirmaciones que en la vida cotidiana suelen aceptarse como verdaderas (Wikipedia)

Sigue siendo la lucha entre el S1 y el S2 que está presente en todos nuestro actos. Los heurísticos, los sesgos, la capacidad de decidir.

Si tienes hijos, haz que “piensen”, que se cuestionen todo, que se pregunten los porqués de las cosas, que sean escépticos (en sentido amplio, no filosófico, lo agradecerán toda la vida, y posiblemente el mundo será mejor

Posiblemente no, SEGURO.