¡Por algo será!

Recuerdo un capítulo de una genial serie cómica que se emitió entre 2005 y 2010 aproximadamente en el que bajo el título “por algo será” (min 15:45) parodiaba como podemos llegar a aceptar normas sin más, incluso absurdas.
Y no sólo las respetamos, sino que las transmitimos y las hacemos respetar.
Todo ello a pesar de desconocer de dónde vienen ni qué función cumplen; transmitimos comportamientos, creencias, normas, que creemos inmutables o que obedecemos ciegamente.

Al respecto, circula una anécdota (disfrazada de experimento, pero NO existe tal experimento), que ilustra cómo se crean estas pseudo-normas.

Todo empieza con cinco monos encerrados en una jaula.
La jaula tiene dos alturas. Los monos están en el piso inferior y en la plataforma superior, a la que se accede por una escalera de mano, hay unos llamativos plátanos.

Lógicamente los monos tardan poco en dirigirse a la escalera para subir, pero en cuanto el primero de ellos pone un pie en la escalera, se le lanza un potente chorro de agua helada. No sólo al mono que intenta subir, sino a todos los monos, a los cinco.
Imagina el alboroto.
El instinto (el hambre) incita a los monos a intentar una y otra vez accede a la escalera, pero no se necesitan muchas repeticiones para que todos aprendan.
Al poco tiempo, ninguno se acerca siquiera a la escalera.

Lo interesante empieza ahora, sigue leyendo.

En el inexistente experimento, sustituyen a uno de los monos, por un novato, desconocedor de las normas.
¿Adivinas lo que va a pasar en cuanto se acerque a la escalera?
Pues si, el resto de compañeros le hacen desistir “amablemente”.
Este novato, lógicamente acepta los “consejos” de los que han vivido previamente la desagradable experiencia de encaramarse a la escalera.

Lógico.

Luego se siguió sustituyendo a los monos originales por noveles, hasta que todos, los cinco eran nuevos, ninguno había sufrido el chorro helado, pero todos asumían que a la escalera no se podía subir, aunque no supiesen porqué y además participaban activamente en hacer desistir a cada recién llegado.

No sólo obedecían unas normas sin tener motivo para ello (a esas alturas no había chorro de agua que les impidiese subir) sino que transmitían esa norma, la perpetuaban también sin motivo.

¿Sabes por qué?

¡Por algo será!

Nota: después de dejar esta entrada programada, Sergio publicó algo que de algún modo trata de lo mismo, pero desde otro punto de vista.
Te recomiendo encarecidamente su lectura AQUÍ

MORNING SINGERS

(From lost to the river)

Eran tiempos del UHF, que aquí tardó mucho en llegar porque la cordillera cantábrica aísla: aísla los cuerpos, aísla los corpúsculos y aísla las ondas. 

Recuerdo los primeros debates en TV, en un programa que dejó huella para los que lo vivimos, porque  trataba temas muy controvertidos, delicados para aquella época y que además se abordaban en profundidad.

Así un día podrían hablar de Lucifer y entre los tertulianos contar con la presencia de un exorcista, como otros trataban asuntos como la droga, la brujería, la homosexualidad, los hijos del exilio, la planificación familiar o el Opus Dei. Este último levantó bastantes ampollas entre el respetable.
(Fuente : El Español

Para empezar una selección excelente de películas, que se veían “sin descansos” (sin cortes publicitarios)

Para seguir con el debate con excelentes invitados; gente formada, conocedora del tema a tratar, especialistas.

El coloquio de esta noche (19 de enero de 1979) versará sobre el «alcoholismo». España es el cuarto país de Europa en cuanto a consumo de alcohol, con una media de catorce litros anuales por persona. Intervienen en el coloquio: Rafael Luis Osete Mula (de la Asociación de ex Alcohólicos Españoles), Francisco Alonso Fernández (catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica de la Universidad Complutense de Madrid), Rosalía Clemente (asistenta social del Dispensario Antialcohólico), Archer Tongue (director ejecutivo del Consejo Internacional de Alcoholismo y Toxicomanía), Erik Epensen (del Ministerio de Asuntos Sociales de Noruega). No interviene ningún representante del Ministerio español de Sanidad, al parecer por causas ajenas al programa. Previamente se emitirá el largometraje Días sin huella (1948), de Billy Wilder, protagonizado por Ray Milland y galardonado con cuatro oscars: a la mejor película, director, guión y actor.
(Fuente : El País)

En un país que estaba despertando, en una época en la que acceder a información era complicado, requería interés y esfuerzo, era costoso y además un arte… poder escuchar a eminencias en cada materia, a quienes diseñaban las estrategias, a quienes operaban a pie de calle, fue un lujo.

Los debates, generalmente pausados y educados, en los que rara vez se interrumpía, se alargaban hasta la madrugada. Todo en directo. Con traducción simultánea cuando era necesario (y lo era con mucha frecuencia).
Argumentar era la norma, era lo que se esperaba.
Poco eslogan, poco marketing, mucha reflexión, mucha argumentación.

Ahora el “saber” es universal. Se ha democratizado de la mano de los medios digitales y las herramientas que ofrece.
Poco a poco.
Primero fueron los tertulianos/as que los lunes son analistas políticos, los martes son investigadoras científicas, los miércoles analistas estadísticos.

Luego los ayudadores / opinion bien, propaganda mal- entra el mk- llega la desinformación- fake news. 

Hoy cualquiera puede saber, sabe, o cree que sabe, cualquiera opina, cualquiera juzga y lo hace público (asumo mi culpa por estar ahora mismo formando parte de lo que critico lo que sin duda provoca un paradoja extrema).

Los lunes son analistas políticos, los martes son investigadoras científicas, los miércoles analistas estadísticos.

Sientan cátedra.

Los jueves te dicen cómo debes mejorar, de qué te debes quejar, cómo ser feliz, como conseguir lo que ellos no han conseguido, te van a revelar su secreto por una mínima cuota.

Aconsejan y guían.

Unos por ignorancia, otros por soberbia.

Sabiondos, cuñados, opinadores, entrenadores positivos, gurús de todo y para todo, circo, sin argumento, sin contraste, sin profundidad.
Autocomplaciente. 

Soluciones universales ya que si no lo consigues es porque no te esfuerzas lo suficiente (vaya por dios), trasladando al individuo “las culpas” y generando por tanto doble frustración, alienación, depresión… (ellos están lejos, en su pedestal)

Hay mil formas de hacer lo mismo, pero la mía es la mejor. 

Busca la aniquilación para preservar su estatus, que es al fin y al cabo su fuente de ingresos: Buscan tu pasta.

¡Qué mediocre!

La vacuna, el remedio, es complicada, porque precisa de pensamiento crítico  y eso no nace por generación espontánea: nace de la educación, la reglada y la de casa, la de la familia, la del grupo; y además hay que cultivarla, con constancia, de continuo.

El pensamiento crítico es el proceso de dudar de las afirmaciones que en la vida cotidiana suelen aceptarse como verdaderas (Wikipedia)

Sigue siendo la lucha entre el S1 y el S2 que está presente en todos nuestro actos. Los heurísticos, los sesgos, la capacidad de decidir.

Si tienes hijos, haz que “piensen”, que se cuestionen todo, que se pregunten los porqués de las cosas, que sean escépticos (en sentido amplio, no filosófico, lo agradecerán toda la vida, y posiblemente el mundo será mejor

Posiblemente no, SEGURO.

¡Manifiéstate!

No, no se trata de hacer espiritismo, ni tampoco de alentar oposición política.

Voy a comentar “La Paradoja de Abilene”.

El término (la expresión) fue acuñado por el doctor en psicología social (University of Texas, Austin) y profesor de la Universidad George Washington (Washington DC),  Jerry B. Harvey (fallecido en 2015) en un artículo publicado en 1974, aunque como él mismo escribió su origen está en una charla que dio el 9 de octubre de 1971 ”The Abilene Paradox: The Management of Agreement” (La paradoja de Abilene: la gestión del acuerdo). El nombre del fenómeno proviene de una anécdota que Harvey utilizó en aquel artículo para ilustrar las paradojas en lo que él denomina “empresas neuróticas” (sic)

La anécdota es la siguiente: 

La tarde de julio en Coleman, Texas (con una población de 5.607 habitantes) era especialmente calurosa: 40 grados según el termómetro de Walgreen's Rexall Ex-Lax. Además, el viento levantaba la tierra del oeste de Texas y lo arrastraba a la casa. Sin embargo la tarde seguía siendo tolerable, incluso potencialmente agradable. Había un ventilador en el porche trasero; había limonada fría; y finalmente, había entretenimiento: Dominó. Perfecto para las circunstancias. 

El juego no requería más esfuerzo físico que un comentario ocasional entre dientes: "Mezcladlas", y un movimiento sin prisa del brazo para colocar las fichas en la perspectiva adecuada sobre la mesa. En definitiva, todo apuntaba a una agradable tarde de domingo en Coleman, hasta que mi suegro dijo de repente "Subamos al coche y vayamos a Abilene a cenar a la cafetería".
Pensé: "¿Qué?, ¿ir a Abilene? ¿Cincuenta y tres millas? ¿Con esta tormenta de polvo y este calor? ¿Y en un Buick de 1958 sin aire acondicionado?"
Pero mi esposa dijo: "Suena como una gran idea. Me gustaría ir. ¿Y tú, Jerry?" Como mis preferencias no coincidían con las del resto, respondí: "Me parece bien", y añadí: "Sólo espero que tu madre quiera ir".
"Claro que quiero ir", dijo mi suegra. "Hace mucho tiempo que no voy a Abilene".
Así que nos metimos en el coche y nos fuimos a Abilene. Mis predicciones se cumplieron. El calor era insoportable. Estábamos cubiertos de una fina capa de polvo que se cimentó con la transpiración para cuando llegamos. La comida de la cafetería proporcionaba un material testimonial de primer orden para los anuncios de antiácidos.

Unas cuatro horas y 106 millas después volvimos a Coleman, acalorados y agotados. Nos sentamos frente al ventilador durante un largo rato en silencio. Entonces, tanto para ser sociable como para romper el silencio, dije: "Ha sido un gran viaje, ¿verdad?".
Nadie habló. Finalmente, mi suegra dijo, con cierta irritación: "Bueno, a decir verdad, no lo disfruté mucho y hubiera preferido quedarme aquí. Sólo fui porque todos vosotros, los tres estabais muy animados a ir. No habría ido si no me hubierais convencido".
No podía creerlo. "¿Qué quieres decir con 'todos vosotros'?" Dije. "No me pongas en el grupo de 'todos vosotros'. Estaba encantado de hacer lo que estábamos haciendo. No quería irme. Yo sólo lo hice por satisfaceros al resto. Vosotros sois los responsables".
Mi mujer parecía sorprendida. "No me culpes. Tú, papá y mamá erais los que queríais ir. Yo sólo les acompañé para ser sociable y tenerles contentos. Tendría que estar loca para querer salir con ese calor".
Su padre entró bruscamente en la conversación. "¡Diablos!", dijo.
Procedió a ampliar lo que ya estaba absolutamente claro. "Escucha, nunca quise ir a Abilene. Sólo pensé que podrías aburrirte. Me visitaste tan pocas veces que quise asegurarme de que lo disfrutaras. Hubiera preferido jugar otra partida de dominó y comer las sobras de la nevera".
Tras el arrebato de recriminación, todos nos sentamos en silencio. Éramos cuatro personas muy sensatas que, por nuestra propia voluntad, acabábamos de hacer un viaje de 106 millas a través de un desierto olvidado por Dios, a una temperatura similar a la de un horno y con una tormenta de polvo similar a la de las nubes, para comer una comida desagradable en una cafetería de mala muerte en Abilene, cuando ninguno de nosotros había querido ir. De hecho, para ser más exactos, habíamos hecho justo lo contrario de lo que queríamos hacer. Toda la situación simplemente no tenía sentido.
Al menos no tenía sentido en ese momento. Pero desde aquel día en Coleman, he observado, colaborado y formado parte de más de una empresa que se ha visto en la misma situación. Como resultado, han hecho un viaje de ida y vuelta o, en ocasiones, un viaje terminal a Abilene, cuando lo que realmente querían era ir a Dallas, Houston o Tokio. Y para la mayoría de esas instituciones, las consecuencias negativas de esos viajes, medidas en términos de miseria humana y pérdidas económicas, han sido mucho mayores que para nuestro pequeño grupo de Abilene.

Faltó comunicación.

Por un lado, circunstancias individuales: Con frecuencia, por ser condescendientes, o poco asertivos, o por falta de interés, o por creer que nuestra opinión no es válida, o sencillamente por miedo a ser criticados por disentir… creemos que no llevar la contraria, no manifestar nuestra opinión, o punto de vista ayuda a alcanzar un consenso.

Por otro lado circunstancias colectivas: Indefinición de roles, jerarquía difusa, falta de cohesión o confianza,

En cualquier caso, no comunicar se puede considerar un error. Se puede disentir y ceder, aún dejando clara nuestra oposición (matiza esto)

Sin saberlo, cuando no manifestamos nuestra opinión estamos limitando al grupo, menguando opciones y dejando pasar un montón oportunidades de opinar, debatir, contrastar, y por tanto enriquecer.

Moraleja: cuando se trata de un grupo es tan difícil gestionar los acuerdos como los desacuerdos

The hair-dryer incident

Lo que escribo a continuación es la traducción de parte de este post de 2014 titulado The hair-dryer incident de Scott Alexander, en concreto la parte V

Aquí va: 

El incidente del secador de pelo fue probablemente la mayor controversia que he visto en el hospital psiquiátrico donde trabajo. La mayoría de las veces, todos los psiquiatras se llevan bien y tienen más o menos la misma opinión sobre las cosas esenciales, pero la gente se peleaba por el incidente del secador de pelo.

Básicamente, una mujer obsesiva compulsiva conducía al trabajo todas las mañanas y le preocupaba haberse dejado el secador de pelo encendido y que fuera a incendiar su casa. Así que regresaba a casa para comprobar que el secador de pelo estaba apagado, luego volvía al trabajo, luego se preocupaba de que quizás no lo había comprobado lo suficientemente bien, luego volvía a conducir, y así diez o veinte veces al día.

Es un caso bastante típico de trastorno obsesivo-compulsivo, pero realmente estaba perturbando su vida. Trabajaba en un puesto de alto nivel -creo que de abogada- y llegaba constantemente tarde a todo por culpa de ese ir y venir en coche, hasta el punto de que su carrera estaba en declive y pensó que tendría que dejarlo y solicitar la invalidez. No podía salir con los amigos, ni siquiera podía ir a restaurantes porque no dejaba de preocuparse por haberse dejado el secador de pelo encendido en casa y tenía que salir corriendo. Había acudido a innumerables psiquiatras, psicólogos y orientadores, había hecho todo tipo de terapias, había tomado toda la medicación del mundo y nada le había ayudado.

Así que vino a mi hospital y la atendió un colega mío, que le dijo: “Oye, ¿has pensado en llevarte el secador de pelo?”.

Y funcionó.

Cuando se dirigía al trabajo por la mañana, empezaba a preocuparse por si se había dejado el secador de pelo encendido y se iba a quemar la casa, así que miraba al asiento de al lado y allí estaba el secador de pelo. Y ella sólo tenía un secador de pelo, que ahora estaba contabilizado. Así que soltaba un suspiro de alivio y seguía conduciendo hacia el trabajo.

Y aproximadamente la mitad de los psiquiatras de mi hospital pensaron que esto era absolutamente escandaloso, y que así no se trata el trastorno obsesivo-compulsivo, y que qué pasaría si la comunidad psiquiátrica en general se enterara de que, en lugar de administrar todos estos medicamentos de alta tecnología y terapias sofisticadas, simplemente le decíamos a la gente que pusiera el secador de pelo en el asiento delantero de su coche.

Yo, en cambio, pensé que era la mejor historia que había oído nunca y que el tipo se merecía una medalla. Aquí hay alguien que era totalmente intratable por los métodos normales, con una enfermedad incapacitante, y una intervención sencillísima en la que nadie había pensado le devolvió la vida. Si algún día abro mi propia consulta de psiquiatría, me estoy planteando medio en serio utilizar un dibujo de un secador de pelo como logotipo, sólo para que todo el mundo sepa cuál es mi postura en este asunto. 

Con frecuencia, las mejores (las únicas, a veces) soluciones a un problema no forman parte del abanico de opciones típico, del manual, de las que tenemos a mano, sino que hay que aplicar la imaginación, y por qué no, la sabiduría.

A esto se le llama pensar fuera de la caja (thinking outside the box).

Típico ejemplo el de unir 9 puntos con 4 líneas rectas (de un trazo), pero hay bastantes más. (anímate que seguramente tengas tiempo libre en estas fechas)

Caos, Caos, Caos

Recientemente oí mencionar de pasada en una conversación el “efecto mariposa”, y se empleaba “algo que se nos va de las manos” en cuanto a dimensiones (una bola que crece)

Esto no es exactamente así. Intentaré explicarlo.

El punto de partida es La Teoría del Caos, que:

“es la rama de las matemáticas, la física y otras ciencias (biología, meteorología, economía, entre otras) que trata ciertos tipos de sistemas complejos y sistemas dinámicos no lineales muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales”

Vale, obvio: si variamos las condiciones iniciales es esperable que obtengamos resultados diferentes. 

Pero lo peculiar en este tipo de sistemas es que las variaciones en las condiciones iniciales pueden ser ínfimas, pero producen unas diferencias (desviaciones) enormes, ENORMES, en los resultados obtenidos.

Ínfimo puede ser la variación en el sexto decimal, o el efecto del aleteo de una mariposa en las moléculas de aire que hay a su alrededor: esto provocará un efecto, que a sus vez provocará un efecto, que a su vez… cada una de las consecuencias será distinta , a modo de cascada, convirtiendo el resultado en impredecible a medida que adquiere complejidad.

No es por tanto que las consecuencias CREZCAN y se hagan mayores, sino que se DESVÍAN de las predicciones iniciales. Va más relacionado con la idea de “rumbo que toman los acontecimientos”

Hay quienes se apoyan en esta teoría para explicar el rumbo de la Historia


Si puedes dedicarle unos minutos, te dejo unos ejemplos de cómo se puede llegar a complicar una cosa en la que intervienen unas pocas (poquísimas) variables. Imagina si interviniesen decenas… o cientos.

Doble péndulo (2´28)

Cuádruple péndulo (animación) (5´30)

Si viésemos miles de dobles péndulos superpuestos, hipnótico (1´26)

Y este vídeo para muy interesados, pero para lo que quiero ilustrar con los 2 primeros minutos es suficiente. 

“Gamifica” que algo queda

Gamificar… aprender jugando …qué bien suena, para los niños.

¿Y cómo se traslada eso al mundo de los adultos? 

No se traslada. Solamente se adapta una idea muy elemental y al mismo tiempo muy, muy potente: la recompensa.

Detrás de cada logro, de cada progreso, de cada meta, se nos ofrece una recompensa.

Es la base del aprendizaje: cuando de cierta acción se obtienen resultados satisfactorios, tendemos a repetir esa acción y además si se repite el número suficiente de veces, creamos una asociación entre el estímulo, la acción y la recompensa, de tal manera que anticipamos el “premio” incluso antes de haberlo obtenido.

Si además lo adornamos del “reforzador social” que es una tabla de puntuaciones más o menos pública, logros  fáciles de medir y de obtener (percibimos que progresamos), metas de intervalos o escalones cortos (el esfuerzo compensa)…

Así creamos hábitos o adicciones.

Funcionamos así.

Estamos estudiados; estamos medidos; estamos planificados.

¿O no? 

Noúmeno

El poema

A veces pides y te dan… 

A veces te dan sin pedir…

A veces pides, y no te dan … 

A veces ni pides, ni te dan 


Interpretando 

Colaboración – Amabilidad – Obediencia – Servidumbre

Cortesía – Vigilancia – Servilismo – Amor

Desobediencia – Rebeldía – Ineptitud – Prudencia

Vacío – Incomunicación – Aislamiento – Armonía


El juego

Si quieres, sólo si quieres, encuentra un significado para cada caso, para cada situación.

Lo mismo puede ser siempre diferente, pero siempre real, al menos en nuestra cabeza.

Aula 01

La Facultad ocupaba un antiguo colegio mayor.

Era por tanto un edificio singular, con muchos recovecos, escaleras, sótanos. Tenía varias terrazas, planta baja y tres alturas

En uno de aquellos sótanos hubo una vez una cocina. Una enorme cocina.

Tenía unos ángulos imposibles. Allí la geometría, se había dado de bruces contra la estética.

Pero se había convertido en aula. El Aula 01

Sus infinitas paredes, como cocina que habían albergado, estaban cubierta de azulejo blanco desde el suelo hasta el techo.

Sus muchos recovecos, hacían que desde bastantes sitios fuera imposible ver al profesor. Generalmente no era problema. Podríamos caber bien unas ochenta personas. Quizá cien si algunas se resignaban a escuchar sin ver.

Pero había 2 días especiales a la semana. Se percibía mayor bullicio.

Esos días en el Aula 01 había demasiadas cara desconocidas, gente de otros cursos, gente “de fuera”, gente sentada en el suelo, gente abarrotando por pasillos, gente de pie pegada a las paredes azulejadas, gente curiosa, expectante

Doscientas cincuenta personas en un aula en el que no solía haber más de cien.

Se notaba que no todos eran estudiantes, por el aspecto, por edad, por las formas.

Y allí cual estrella desgarbada aparecía el filósofo. Aparecía Gustavo Bueno, que semana tras semana, durante 3 años nos deleitó, enseñándonos a cuestionarnos todo para encontrarle así el sentido a todo.

Deconstruir para reconstruir.

Ir y volver para volver a ir, pero la segunda vez, con fundamento.

Conocimiento.

Gnoseología.

Mis circunstancias

“Yo soy yo y mis circunstancias” es una de esas frases míticas que todos conocemos.

Está extraída del libro Meditaciones del Quijote (José Ortega y Gasset 1914)

La frase real y completa es “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Catalogar, categorizar es necesario. Nos ayuda a comprender el mundo que nos rodea.

Nos ayuda a tener sensación de control, a anticipar eventualidades, a “descargar la mente”.

Pero el problema es que al describir comportamientos, la personalidad, la IDENTIDAD, catalogar encasilla, limita, no siempre describe y por supuesto, rara vez predice.

A veces es necesario explicar el qué, cómo, cuándo, por qué y para qué; lo que viene a ser “dar contexto”; las circunstancias que rodean un hecho.

La respuesta es sencilla: no sabemos que factores van a estar presentes e influir la siguiente vez que nos encontremos ante una toma decisión: cuales serán nuestras circunstancias y eso condicionará totalmente nuestro comportamiento, nuestra actitud, nuestra reacción.

Circunstancia es el pasado, nuestras experiencias, lo que hacemos con más frecuencia porque nos resultó útil, y lo aprendimos. Lo que dejamos de hacer porque no compensaba y lo olvidamos, lo que vimos hacer a nuestro alrededor y lo hicimos nosotros también. 

Circunstancia es el presente, el momento del día, el estado de ánimo, con quién nos cruzamos, con quién hablamos, cómo nos responden, cómo nos miran, qué nos hacen sentir, qué leemos, dónde nos encaminamos.

Circunstancias es el futuro cercano, la compra online que nos llegará mañana, la excursión planeada para el fin de semana, el examen que nos espera en un mes, lo que nos espera al otro lado de la puerta o a la salida del trabajo.

Parte de esa circunstancia está bajo nuestro control, otra parte no.

Sólo tenlo presente cuando actúes y tenlo presente cuando actúen los que te rodean, verás como todo es mucho más fácil de entender, incluso de moldear.

Tu lo agradecerás y “los otros” te lo agradecerán.

Locus por el control

¿Crees que cuando algo “tiene que pasar” efectivamente pasa?

¿Crees que conseguir un buen trabajo depende de estar en el sitio correcto en el momento correcto?

¿Crees que la personalidad está determinada por la herencia?

¿Crees que es imposible controlar a los políticos?

En 1966 el psicólogo Estadounidense Julian B. Rotter propuso el “locus de control” como otro rasgo de personalidad en su teoría del Aprendizaje Social

“Si la persona percibe que el acontecimiento es contingente con su conducta o sus propias características relativamente permanentes, se ha dicho que es una creencia en el control interno”; en cambio, “cuando un refuerzo es percibido como siguiendo alguna acción personal, pero no siendo enteramente contingente con ella, es típicamente percibido, en nuestra cultura, como el resultado de la suerte, y en este sentido se ha dicho que es una creencia en el control externo”.

—Rotter, 1966

En otras palabras:

Si crees (da igual que sea así realmente, lo importante es que lo percibas así) que lo que pasa se debe en general a lo que haces (crees ser en parte dueño, crees ejercer el control) tu locus de control será interno, y si consideras que hagas lo que hagas pasará “lo que tenga que pasar” tu locus de control será externo

Por un lado tendríamos capacidad-esfuerzo, por otro lado suerte-azar

Fíjate en estos casos extremos y un tanto forzados, en los que contrapongo personalidades con locus de control externo y locus de control interno


Me han suspendido el exámen, era muy difícil.

Lo he preparado, he estudiado, he ido a una academia, utilicé técnicas de estudio

El jefe me tiene manía, nunca progresaré en este empleo

Mi constancia y esfuerzo me ha llevado a conseguir el ascenso

Ese coche es demasiado caro

Voy a ahorrar para comprarme el coche que me gusta

Siempre llego tarde por culpa del tráfico

He llegado tarde porque he salido muy justo de tiempo


Aunque hay alguna controversia, se atribuyen unas características de comportamiento en función de en qué extremo se posicione una persona

Las personas más cercanas a locus de control interno:

  • Rinden mejor de forma autónoma, sin estar recibiendo instrucciones 
  • Suelen ser más exitosos en el ámbito laboral, trabajan mejor y se relacionan mejor
  • Se suelen responsabilizar de sus acciones 
  • Son menos influenciables por las opiniones de los demás 
  • Tienen un sentimiento alto de autoeficacia o autoconfianza 
  • Se sienten seguros ante los desafíos
  • Suelen ser más sanos (son más responsables con la alimentación, cuidados, ejercicio)
  • Suelen ser más felices e independientes 

Las personas más cercanas a locus de control externo:

  • Suelen tener menos éxito laboralmente (menor esfuerzo)
  • Creen que los acontecimientos son fruto de la suerte, el destino o las acciones de otros 
  • No creen, por tanto, que puedan cambiar las situaciones adversas
  • Son más propensos a sufrir indefensión aprendida
  • Son menos felices 

En cualquier caso, a todo se aprende y sea cual sea tu caso, quizá lo mejor sea identificar, prevenir y si interesa elaborar estrategias que te permitan modificar tu “locus de control”.

Te propongo jugar, te propongo que te midas, si quieres. No te resultará difícil encontrar una escala; pero para ponértelo más fáil de dejo un enlace… no hagas trampas.

Escala de Locus de Control de ROTTER – La Fundación Universidad de las Américas, Puebla (UDLAP)


Tesis Doctoral de Diego de Jesús Vicente Cortés Acerca de la influencia de la autoestima, la autoeficacia y el locus de control en el rendimiento académico.