Motiva2 (parte I)

En el salón “Navascués” del hotel, seríamos casi 50 personas.
Sobre el escenario, el individuo se movía con aplomo, rebosaba seguridad.
Dinamismo, pausas dramáticas, bromas certeras, ritmo, ritmo…

El público se dejaba embelesar, de hecho lo deseaba. El ambiente invitaba a “venirse arriba”, cosa que sabía explotar magistralmente aquel sujeto.
Fue todo un lujo. Se hizo corta la conferencia. 

Lo comentamos una y otra entre el equipo mientras nos tomábamos unas cervezas. Salimos realmente motivados, todos.
Nos íbamos a “comer el mundo”.

Unas horas más tarde, ya en casa, le relataba este acontecimiento a mí pareja.
Intenté resumirle la sesión, pero no encontré las palabras; no era fácil explicarlo.
En realidad no recordaba nada en concreto, más bien era esa sensación de euforia, de poder, de fuerza… aún la sentía, aunque tengo que reconocer que se había desvanecido una buena parte… 
…pero claro, en casa y con las cosas del día a día, no es lo mismo.

Por cierto, que no se me olvide pasar mañana por la tintorería

¿Quién puso más?

Quizá la frase original debería haber sido “Todo lo que se puede medir, se puede mejorar”, pero en realidad fue algo más parecido a  “Lo que no se puede medir, no se puede mejorar” y eso es lo que ha calado.

De la física (William Thomson Kelvin) al liderazgo (Peter F. Druker) dicen casi idéntica frase.

En la mejora, la mejora personal, hay sin duda variables cuantitativas que son medibles.
Hay también variables cualitativas, que también en ocasiones son medibles.

Pero hay un tipo de variable que se escapa al control métrico y son las variables subjetivas.
Las variables subjetivas se pueden valorar, pero no son medibles y no admiten comparación más que con el propio sujeto, y a veces, ni eso.
Están sujetas a las expectativas que hayamos depositado, al estado de ánimo, al contexto…

Se cuantifican en valores tan personales con “es bastante”, “es suficiente” o “es demasiado” dónde no sólo cada persona puede considerar su significado de forma muy diferente a otra, sino que posiblemente para nosotros mismos tenga un valor distinto según de qué hablemos y según el día que lo digamos.

Estudié lo suficiente, 
He hecho bastante ejercicio por hoy 
Pongo mucho más en esta relación que mi pareja

Términos relativos, sin significado real, no comparables, vagos…

Sin embargo, esas valoraciones, serán las que nos lleven a tomar las decisiones que no permitan mejorar o no.

Lo subjetivo no es medible y sin embargo es lo que más condiciona nuestra decisiones y por ello, nuestro futuro.
Porque esas valoraciones son nuestras valoraciones.

¿Lo que no se puede medir no se puede mejorar? 

¡Manifiéstate!

No, no se trata de hacer espiritismo, ni tampoco de alentar oposición política.

Voy a comentar “La Paradoja de Abilene”.

El término (la expresión) fue acuñado por el doctor en psicología social (University of Texas, Austin) y profesor de la Universidad George Washington (Washington DC),  Jerry B. Harvey (fallecido en 2015) en un artículo publicado en 1974, aunque como él mismo escribió su origen está en una charla que dio el 9 de octubre de 1971 ”The Abilene Paradox: The Management of Agreement” (La paradoja de Abilene: la gestión del acuerdo). El nombre del fenómeno proviene de una anécdota que Harvey utilizó en aquel artículo para ilustrar las paradojas en lo que él denomina “empresas neuróticas” (sic)

La anécdota es la siguiente: 

La tarde de julio en Coleman, Texas (con una población de 5.607 habitantes) era especialmente calurosa: 40 grados según el termómetro de Walgreen's Rexall Ex-Lax. Además, el viento levantaba la tierra del oeste de Texas y lo arrastraba a la casa. Sin embargo la tarde seguía siendo tolerable, incluso potencialmente agradable. Había un ventilador en el porche trasero; había limonada fría; y finalmente, había entretenimiento: Dominó. Perfecto para las circunstancias. 

El juego no requería más esfuerzo físico que un comentario ocasional entre dientes: "Mezcladlas", y un movimiento sin prisa del brazo para colocar las fichas en la perspectiva adecuada sobre la mesa. En definitiva, todo apuntaba a una agradable tarde de domingo en Coleman, hasta que mi suegro dijo de repente "Subamos al coche y vayamos a Abilene a cenar a la cafetería".
Pensé: "¿Qué?, ¿ir a Abilene? ¿Cincuenta y tres millas? ¿Con esta tormenta de polvo y este calor? ¿Y en un Buick de 1958 sin aire acondicionado?"
Pero mi esposa dijo: "Suena como una gran idea. Me gustaría ir. ¿Y tú, Jerry?" Como mis preferencias no coincidían con las del resto, respondí: "Me parece bien", y añadí: "Sólo espero que tu madre quiera ir".
"Claro que quiero ir", dijo mi suegra. "Hace mucho tiempo que no voy a Abilene".
Así que nos metimos en el coche y nos fuimos a Abilene. Mis predicciones se cumplieron. El calor era insoportable. Estábamos cubiertos de una fina capa de polvo que se cimentó con la transpiración para cuando llegamos. La comida de la cafetería proporcionaba un material testimonial de primer orden para los anuncios de antiácidos.

Unas cuatro horas y 106 millas después volvimos a Coleman, acalorados y agotados. Nos sentamos frente al ventilador durante un largo rato en silencio. Entonces, tanto para ser sociable como para romper el silencio, dije: "Ha sido un gran viaje, ¿verdad?".
Nadie habló. Finalmente, mi suegra dijo, con cierta irritación: "Bueno, a decir verdad, no lo disfruté mucho y hubiera preferido quedarme aquí. Sólo fui porque todos vosotros, los tres estabais muy animados a ir. No habría ido si no me hubierais convencido".
No podía creerlo. "¿Qué quieres decir con 'todos vosotros'?" Dije. "No me pongas en el grupo de 'todos vosotros'. Estaba encantado de hacer lo que estábamos haciendo. No quería irme. Yo sólo lo hice por satisfaceros al resto. Vosotros sois los responsables".
Mi mujer parecía sorprendida. "No me culpes. Tú, papá y mamá erais los que queríais ir. Yo sólo les acompañé para ser sociable y tenerles contentos. Tendría que estar loca para querer salir con ese calor".
Su padre entró bruscamente en la conversación. "¡Diablos!", dijo.
Procedió a ampliar lo que ya estaba absolutamente claro. "Escucha, nunca quise ir a Abilene. Sólo pensé que podrías aburrirte. Me visitaste tan pocas veces que quise asegurarme de que lo disfrutaras. Hubiera preferido jugar otra partida de dominó y comer las sobras de la nevera".
Tras el arrebato de recriminación, todos nos sentamos en silencio. Éramos cuatro personas muy sensatas que, por nuestra propia voluntad, acabábamos de hacer un viaje de 106 millas a través de un desierto olvidado por Dios, a una temperatura similar a la de un horno y con una tormenta de polvo similar a la de las nubes, para comer una comida desagradable en una cafetería de mala muerte en Abilene, cuando ninguno de nosotros había querido ir. De hecho, para ser más exactos, habíamos hecho justo lo contrario de lo que queríamos hacer. Toda la situación simplemente no tenía sentido.
Al menos no tenía sentido en ese momento. Pero desde aquel día en Coleman, he observado, colaborado y formado parte de más de una empresa que se ha visto en la misma situación. Como resultado, han hecho un viaje de ida y vuelta o, en ocasiones, un viaje terminal a Abilene, cuando lo que realmente querían era ir a Dallas, Houston o Tokio. Y para la mayoría de esas instituciones, las consecuencias negativas de esos viajes, medidas en términos de miseria humana y pérdidas económicas, han sido mucho mayores que para nuestro pequeño grupo de Abilene.

Faltó comunicación.

Por un lado, circunstancias individuales: Con frecuencia, por ser condescendientes, o poco asertivos, o por falta de interés, o por creer que nuestra opinión no es válida, o sencillamente por miedo a ser criticados por disentir… creemos que no llevar la contraria, no manifestar nuestra opinión, o punto de vista ayuda a alcanzar un consenso.

Por otro lado circunstancias colectivas: Indefinición de roles, jerarquía difusa, falta de cohesión o confianza,

En cualquier caso, no comunicar se puede considerar un error. Se puede disentir y ceder, aún dejando clara nuestra oposición (matiza esto)

Sin saberlo, cuando no manifestamos nuestra opinión estamos limitando al grupo, menguando opciones y dejando pasar un montón oportunidades de opinar, debatir, contrastar, y por tanto enriquecer.

Moraleja: cuando se trata de un grupo es tan difícil gestionar los acuerdos como los desacuerdos

The hair-dryer incident

Lo que escribo a continuación es la traducción de parte de este post de 2014 titulado The hair-dryer incident de Scott Alexander, en concreto la parte V

Aquí va: 

El incidente del secador de pelo fue probablemente la mayor controversia que he visto en el hospital psiquiátrico donde trabajo. La mayoría de las veces, todos los psiquiatras se llevan bien y tienen más o menos la misma opinión sobre las cosas esenciales, pero la gente se peleaba por el incidente del secador de pelo.

Básicamente, una mujer obsesiva compulsiva conducía al trabajo todas las mañanas y le preocupaba haberse dejado el secador de pelo encendido y que fuera a incendiar su casa. Así que regresaba a casa para comprobar que el secador de pelo estaba apagado, luego volvía al trabajo, luego se preocupaba de que quizás no lo había comprobado lo suficientemente bien, luego volvía a conducir, y así diez o veinte veces al día.

Es un caso bastante típico de trastorno obsesivo-compulsivo, pero realmente estaba perturbando su vida. Trabajaba en un puesto de alto nivel -creo que de abogada- y llegaba constantemente tarde a todo por culpa de ese ir y venir en coche, hasta el punto de que su carrera estaba en declive y pensó que tendría que dejarlo y solicitar la invalidez. No podía salir con los amigos, ni siquiera podía ir a restaurantes porque no dejaba de preocuparse por haberse dejado el secador de pelo encendido en casa y tenía que salir corriendo. Había acudido a innumerables psiquiatras, psicólogos y orientadores, había hecho todo tipo de terapias, había tomado toda la medicación del mundo y nada le había ayudado.

Así que vino a mi hospital y la atendió un colega mío, que le dijo: “Oye, ¿has pensado en llevarte el secador de pelo?”.

Y funcionó.

Cuando se dirigía al trabajo por la mañana, empezaba a preocuparse por si se había dejado el secador de pelo encendido y se iba a quemar la casa, así que miraba al asiento de al lado y allí estaba el secador de pelo. Y ella sólo tenía un secador de pelo, que ahora estaba contabilizado. Así que soltaba un suspiro de alivio y seguía conduciendo hacia el trabajo.

Y aproximadamente la mitad de los psiquiatras de mi hospital pensaron que esto era absolutamente escandaloso, y que así no se trata el trastorno obsesivo-compulsivo, y que qué pasaría si la comunidad psiquiátrica en general se enterara de que, en lugar de administrar todos estos medicamentos de alta tecnología y terapias sofisticadas, simplemente le decíamos a la gente que pusiera el secador de pelo en el asiento delantero de su coche.

Yo, en cambio, pensé que era la mejor historia que había oído nunca y que el tipo se merecía una medalla. Aquí hay alguien que era totalmente intratable por los métodos normales, con una enfermedad incapacitante, y una intervención sencillísima en la que nadie había pensado le devolvió la vida. Si algún día abro mi propia consulta de psiquiatría, me estoy planteando medio en serio utilizar un dibujo de un secador de pelo como logotipo, sólo para que todo el mundo sepa cuál es mi postura en este asunto. 

Con frecuencia, las mejores (las únicas, a veces) soluciones a un problema no forman parte del abanico de opciones típico, del manual, de las que tenemos a mano, sino que hay que aplicar la imaginación, y por qué no, la sabiduría.

A esto se le llama pensar fuera de la caja (thinking outside the box).

Típico ejemplo el de unir 9 puntos con 4 líneas rectas (de un trazo), pero hay bastantes más. (anímate que seguramente tengas tiempo libre en estas fechas)

Caos, Caos, Caos

Recientemente oí mencionar de pasada en una conversación el “efecto mariposa”, y se empleaba “algo que se nos va de las manos” en cuanto a dimensiones (una bola que crece)

Esto no es exactamente así. Intentaré explicarlo.

El punto de partida es La Teoría del Caos, que:

“es la rama de las matemáticas, la física y otras ciencias (biología, meteorología, economía, entre otras) que trata ciertos tipos de sistemas complejos y sistemas dinámicos no lineales muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales”

Vale, obvio: si variamos las condiciones iniciales es esperable que obtengamos resultados diferentes. 

Pero lo peculiar en este tipo de sistemas es que las variaciones en las condiciones iniciales pueden ser ínfimas, pero producen unas diferencias (desviaciones) enormes, ENORMES, en los resultados obtenidos.

Ínfimo puede ser la variación en el sexto decimal, o el efecto del aleteo de una mariposa en las moléculas de aire que hay a su alrededor: esto provocará un efecto, que a sus vez provocará un efecto, que a su vez… cada una de las consecuencias será distinta , a modo de cascada, convirtiendo el resultado en impredecible a medida que adquiere complejidad.

No es por tanto que las consecuencias CREZCAN y se hagan mayores, sino que se DESVÍAN de las predicciones iniciales. Va más relacionado con la idea de “rumbo que toman los acontecimientos”

Hay quienes se apoyan en esta teoría para explicar el rumbo de la Historia


Si puedes dedicarle unos minutos, te dejo unos ejemplos de cómo se puede llegar a complicar una cosa en la que intervienen unas pocas (poquísimas) variables. Imagina si interviniesen decenas… o cientos.

Doble péndulo (2´28)

Cuádruple péndulo (animación) (5´30)

Si viésemos miles de dobles péndulos superpuestos, hipnótico (1´26)

Y este vídeo para muy interesados, pero para lo que quiero ilustrar con los 2 primeros minutos es suficiente. 

Negro sobre Blanco

Cuando queremos que un niño pequeño aprenda algo, recurrimos a “esto se hace así, “eso no se hace” y cosas por el estilo.

Si – No.

Dicotomía, sin matices.

Economía en la balanza entre el esfuerzo explicativo y la capacidad de entendimiento.

Es al fin y al cabo inteligente, ya que en ocasiones un alarde de matices lleva a un bloqueo por parte de quien se supone debe ser enseñado, si no está suficientemente preparado.

Utilizar dicotomías además tiene muchos beneficios.

(1) La simplicidad permite entender lo que se hace y a dónde lleva (es blanco o negro)

(2) La convicción de saber cuando las cosas se hacen bien implica mayor motivación y por tanto mayor progreso (es blanco o negro)

(3) Ignorar en los inicios parte complicada de los discursos, permite hacer nuestro aprendizaje tenga coherencia y sea por tanto, más sólido.

Construímos la mejor historia posible partiendo de la información disponible, y si la historia es buena, la creemos. Paradójicamente, es más fácil construir una historia coherente cuando nuestro conocimiento es escaso, cuando las piezas del rompecabezas no pasan de unas pocas. Nuestra consoladora convicción de que el mundo tiene sentido descansa sobre un fundamento seguro: Nuestra capacidad casi ilimitada para ignorar nuestra ignorancia». Daniel Kahneman

Obviamente, en cualquier aprendizaje hay un camino de ida, vuelta e ida de nuevo.

Y es en esa segunda ida, cuando se tiene capacidad para dejar de ver en blanco y negro y empezar a entender los matices, empezar a ver la escala de grises.

Ahí es donde se da el aprendizaje avanzado, donde podemos aplicar un estilo propio, con fundamento: ahora los grises no sólo tienen sentido sino que son parte intrínseca de ese conocimiento.

En un proceso de formación de una materia genérica (evidentemente no en curso de especialización) podemos asimilar al alumno, al aprendiz a un niño. 

Inexperto, sin capacidad de decisión ya que no conoce las herramientas, no conoce los métodos y en ocasiones no conoce ni el objetivo final de esa formación.

Va a disponer de un día, dos, días a lo sumo tres días para aprender.

Por eso quién enseña, forma o ayuda, si es un buen formador debe conocer y aplicar esto y debería adaptar su discurso a cada etapa de la formación.

Por eso, utiliza los grises siempre que puedas, pero no le temas al blanco y negro.

Ejercicios de estilo

La semana pasada, en el Telegram del Blog de Aprendiendo GTD, hablando de no recuerdo qué,  Luis mencionó, nos recomendó, el libro “Ejercicios de Estilo” de Raymond Queneau.

Las recomendaciones que me hacen, nunca caen en saco roto. 

Capturo y aclaro; con frecuencia lo almaceno. 

Quizás algún día, me digo.

En este caso, sin embargo, el libro me resultaba demasiado familiar. Tuve la necesidad de constatar y  efectivamente no tardé en encontrarlo.

No lo había leído aún, así que le hinqué el diente al instante.

Queneau, construye a partir de una anécdota banal nada menos que noventa y nueve variaciones.

Noventa y nueve variaciones de un hecho intrascendente, nimio, trivial, insignificante, baladí.

Es un ejercicio literario, claro.

Noventa y nueve veces lo mismo. Pero cada vez distinto. Cada estilo refleja una personalidad, un enfoque distinto. Y si no lo hace debería hacerlo.

Qué pasaría si yo hubiese estado allí; qué hubiese visto, qué hubiese expresado.

Qué hubiese sentido.

Qué hubiese vivido.

Porque ¿cuántas formas distintas puede haber de ver, de vivir un mismo hecho? 

¿Tantas cómo personas?

¿Cada uno de nosotros lo hubiese vivido de forma distinta?

¿Cada uno de nosotros lo hubiese vivido de forma distinta según lo que le hubiese pasado el día antes, las horas antes, justo unos momentos antes?

Y todas son verdad. La verdad de cada uno.

Cada uno la suya.

No vemos con los ojos.

Vemos, sentimos, interpretamos, entendemos filtrando con nuestras creencias, con lo que somos,  para seguir siendo como somos.

No hay noúmeno, todo es fenómeno.

Cada vez somos más como somos. Cada vez seremos más como somos.

Es difícil aprender, no queremos dejar que nada nos enseñe.

Miedo

Mejor en tribus

Mejor en bloques

Protegidos.

No análisis

No reflexión

Todo heurístico.

No me compliques la vida, tío. Déjame en paz. Dámelo fácil.

Neuronas de vacaciones permanentes; neuronas prejubiladas; neuronas muertas

La vida es camino, y no meta.

Y si no le sacamos partido al camino, si no estrujamos, si no nos perdemos a veces, si no investigamos sus recovecos, se nos hará corto.

Y te digo una cosa, te recuerdo una cosa, tu y yo sabemos lo que hay al final de ese camino.

RIP