Empatía

Recientemente, asistí a una presentación (otra) de novedades relacionadas con mi trabajo.
En la videoconferencia, en una de las típicas diapositivas, una de esas que alguien lee porque son autoexplicativas, se definían los tres pilares de aquella empresa.
Uno de ellos era “EMPATHY”, empatía.
No pude evitar mascullar un comentario, que por suerte nadie escuchó o al menos fue ignorado por todos.
¿Puede una empresa tener empatía? ¿Sabría quién escribió aquello lo que es la empatía?

Si tu lo sabes, si lo tienes claro, quizá no quieras seguir leyendo, pero te animo a ello. Serán sólo unos minutos y si cuando llegues al final no te topaste con  nada nuevo, no habrá sido demasiado grave.

La presentación continuó y sucedió  lo que me esperaba. En el desarrollo del pilar “EMPATHY”, lo que se planteaba era que la empresa rebosaba honestidad, autenticidad, transparencia, cercanía, humor…
Todos valores muy loables, pero NADA que ver con la empatía.
Es cierto que con frecuencia se asocia le empatía con caer bien y ser auténtico, pero no sé bien de dónde sale esa asociación y además es falsa (quizá por la similitud fonética con “simpatía”).

No me gusta tirar de diccionario de la RAE cuando hay que definir un terreno de juego, unos límites, el significado, de qué estamos hablando.

La empatía es una “capacidad”, una “competencia” que no sólo abarca la parte emocional y afectiva, sino que también tiene una perspectiva objetiva.
La empatía parte de saber ponerse en el lugar de otra persona, pero eso es una nimiedad, es sólo el punto de arranque, no acaba ahí.
Ser empático con alguien consiste en usurpar momentáneamente el lugar del otro: entender sus motivaciones, su patrón de procesamiento, sus referentes, sus condicionantes, su contexto, su objetivo.
Vivir una experiencia ajena, convertirse en otro, abandonar nuestra forma de ENTENDER para abrazar momentáneamente otra.

La empatía como cualquier otra capacidad puede aprenderse hasta cierto nivel y mientras la practicas y entrenas puedes adquirir innegables beneficios.

Aprenderás a escuchar, a analizar y a discernir, de forma prudente, sin caer en tópicos, incluso sin juzgar, evidentemente.
Una buen hábito que se puede aplicar a muchos terrenos profesionales (médico-paciente, profesor-alumno…).

Sentirás cómo tu curiosidad se estimula, cuanto más entiendes, más necesitas profundizar.

Tus relaciones sociales cambiarán: saber ponerse en el lugar del otro, pensar desde su punto de vista, valorar cuál fue su contexto, qué le hizo tomar las decisiones que haya tomado, porqué se comportó como se comportó… Los compartas o no, verás de otra forma a esa persona y esa persona te verá a ti de forma diferente.

Te hará más sensible a los problemas de otros, más tolerante con los errores, más proclive a ayudar, más respetuoso con todos, más amigable por tanto.

Lo mejor de todo, es que crea un círculo que se retroalimenta y que suele generar una sensación de bienestar mutuo: nos sentimos mejor con las personas que nos entienden, aunque no compartan nuestras opiniones.

Y si todo esto te supone mucho esfuerzo siempre puedes pedir ayuda, no es lo mismo pero LO PARECE