Tu cerebro piensa

Miniatura del diario «La Voz de Asturias»

¿Crees que tu cerebro piensa? ¿Es tu cerebro el que siente, el que decide, organiza, planifica…?
¿Eres tú quien reflexiona, o lo hace tu cerebro? ¿Tu no pintas nada?
De hecho podríamos decir que siempre es el cerebro el que piensa y siente, dado que toda nuestra vida mental está ligada a él.

Ciertas disciplinas parapetadas tras la denominación de “neuro-loquesea” , que suena muy bien, suelen difundir este tipo de creencias..
Pero NO. No eludas tu responsabilidad.
No es tu cerebro eres TU y tus circunstancias.

Descrita en el año 2003 por Maxwell Bennett y Peter Hacker (neurocientífico el primero y filósofo el segundo), la falacia mereológica de la neurociencia queda definida como la tendencia a atribuir en el discurso científico propiedades psicológicas al cerebro.

Mereológica, porque pretende atribuir a una parte propiedades que sólo son atribuibles al todo: Mi cortex visual no es el que ve, al igual que mi lóbulo frontal no es el que toma decisiones, no habla mi boca, no caminan mis pies. El que ve o el que toma las decisiones es el individuo en su totalidad.

Podría parece simplemente un error lingüístico, o incluso una figura literaria.
De hecho tomar la parte por el todo y viceversa  es un buen recurso retórico
Sin embargo puede tener consecuencias más allá de la simple confusión de términos, por ejemplo, buscar partes del cerebro responsables del pensamiento o de la toma de decisiones, al margen del individuo y lo que es per, conseguir que nos lo creamos.

Estoy gobernado por una fuerza incontrolada, que se rige por sus propias normas, una esencia que permanece intacta, que me es ajena y es dueña de mis actos.

Por suerte nos queda la Filosofía que aporta una visión holística del individuo.

Cerebrocentrista

Soy un sujeto bastante elemental.

Rallando lo simple, diría.

Tan simple que sólo tengo 2 neuronas funcionales.

Una es impetuosa, decide a la velocidad del rayo, plis plas, un poco caprichosa, le gusta la juerga y todo lo ”chungo”, con frecuencia me busca problemas.

La otra se toma las cosas con calma, le da vueltas a todo, sopesa, evalúa… un auténtico peñazo.

A veces se activa sólo la primera: genial. Pim pam pum, hecho y a otra cosa mariposa.

A veces se activa la segunda y toca esperar, una vuelta y otra y otra… hasta que decide, pero la cosa suele acabar bien.

Otras veces, se activan las dos al tiempo. O se activa una y al poco de activa la otra para jorobar. Y claro se arma el lío. Discusiones, peleas… a veces se zurran; unas veces gana una, otras veces gana la otra. Incluso en alguna ocasión llegan a un acuerdo en el que ambas ceden un poco.

Pase lo que pase yo lo acepto con deportividad y para qué negarlo, con cierta resignación. No me queda otra.

Al fin y al cabo ¿quién soy yo para entrometerme en lo que decidan mis neuronas?

¿Qué pinto yo en todo esto?